Con campañas así se consiguen apoyos, espero que les vaya bien.
Molón
Se le ha caido a
Jarrek
el domingo, 25 de octubre de 2009
Etiquetas:
Copy-Paste,
Lo real
/
Comentarios: (1)
Me ha llegado por correo electrónico. Me ha parecido genial
Con campañas así se consiguen apoyos, espero que les vaya bien.
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Descenso hacia la locura (II)
Anteriormente
Bueno, primero me gustaría presentarme. Soy Jarrek Whitley. Inglés, de Southampton. Cómo he cruzado el Atlántico y he llegado hasta aquí se lo intentaré explicar. Quizá ya de paso comprenda algo yo también.
Como he dicho, nací en Southampton hace 33 años. Viví hasta hace unos pocos meses en una casa modesta con una familia acomodada y de modales anticuados. Mi familia. Es decir, según mis apellidos si podía considerar que tenía una familia... debía ser esa. No puedo decir que tuviese nada en común con ellos. Era demasiado nervioso y "excéntrico" para sus ordenadas vidas.
Cuatro meses atrás mi padre falleció y entre el hastío y el horror al contemplar la indiferencia con la que viví todo aquello decidí poner tierra de por medio. Con las noticias del reciente hundimiento del Titanic aún frescas en mi cabeza me dirigí, mandando todo al infierno, al puerto donde cogí un barco que me llevase a un nuevo mundo. A una nueva vida.

América no era tal y como la imaginaba ni como la pintaban. Malviví durante poco más de un mes y observaba el entorno donde traficantes de opio y delincuentes vestían zapatos impecables. No estoy hecho para el crimen, de eso estoy seguro, pero trabé amistad con algunos de aquellos personajes y empecé a ganarme la vida aprovechando las ventajas que ésto me ofrecía. Una de mis últimas y felices ideas había sido anunciarme en los medios locales como investigador privado suponiendo que mis contactos me proveerían de toda la información necesaria.
Antes de ayer recibía un mensaje de una supuesta cliente. Quería darme los detalles en persona en su casa. La cita era en dos días. Intenté recabar información sobre la mujer, la casa o cualquier contacto que tuviese pero parecía como si hubiese aparecido en Nueva Orleans por arte de magia, o siempre hubiese estado allí. No me gustaba nada de todo aquello, pero aun así decidí presentarme allí. Cauto, algo asustado y hecho un manojo de nervios.
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Bueno, primero me gustaría presentarme. Soy Jarrek Whitley. Inglés, de Southampton. Cómo he cruzado el Atlántico y he llegado hasta aquí se lo intentaré explicar. Quizá ya de paso comprenda algo yo también.
Como he dicho, nací en Southampton hace 33 años. Viví hasta hace unos pocos meses en una casa modesta con una familia acomodada y de modales anticuados. Mi familia. Es decir, según mis apellidos si podía considerar que tenía una familia... debía ser esa. No puedo decir que tuviese nada en común con ellos. Era demasiado nervioso y "excéntrico" para sus ordenadas vidas.
Cuatro meses atrás mi padre falleció y entre el hastío y el horror al contemplar la indiferencia con la que viví todo aquello decidí poner tierra de por medio. Con las noticias del reciente hundimiento del Titanic aún frescas en mi cabeza me dirigí, mandando todo al infierno, al puerto donde cogí un barco que me llevase a un nuevo mundo. A una nueva vida.
América no era tal y como la imaginaba ni como la pintaban. Malviví durante poco más de un mes y observaba el entorno donde traficantes de opio y delincuentes vestían zapatos impecables. No estoy hecho para el crimen, de eso estoy seguro, pero trabé amistad con algunos de aquellos personajes y empecé a ganarme la vida aprovechando las ventajas que ésto me ofrecía. Una de mis últimas y felices ideas había sido anunciarme en los medios locales como investigador privado suponiendo que mis contactos me proveerían de toda la información necesaria.
Antes de ayer recibía un mensaje de una supuesta cliente. Quería darme los detalles en persona en su casa. La cita era en dos días. Intenté recabar información sobre la mujer, la casa o cualquier contacto que tuviese pero parecía como si hubiese aparecido en Nueva Orleans por arte de magia, o siempre hubiese estado allí. No me gustaba nada de todo aquello, pero aun así decidí presentarme allí. Cauto, algo asustado y hecho un manojo de nervios.
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Descenso hacia la locura (I)
Era una noche cálida, con ese calor pegajoso del verano en Nueva Orleans que te atrapa como una segunda piel y te dificulta respirar. Bueno, a no ser que estés acostumbrado. Y mirándole, no era el caso.
Aquel hombre no era de por allí. Era delgado, no muy alto, y caminaba con nerviosismo con los hombros un poco cargados. Cada pocos metros se detenía a un lado de la calle a observar los alrededores y hasta que no se convencía a sí mismo de que todo era normal no seguía su camino. Yo lo observaba desde lejos con una mezcla de curiosidad e impaciencia ya que no le conocía, pero sabía exactamente adónde se dirigía.
Tras largo rato llegó a la residencia donde había recibido el encargo, y yo me fundí en las sombras de las inmediaciones hasta que estuviese dentro. Por más que lo observaba, no creía que fuese adecuado. Al leer el anuncio del periódico, si bien no puntualizaba nada, se daba a entender que era un hombre decidido y capaz con muchos años de experiencia en la investigación privada. Pero hasta un ciego sería capaz de darse cuenta de que aquella persona, al menos, no aparentaba nada de aquello.
Ya era demasiado tarde para dar marcha atrás. Una vez le abrieron la puerta rodeé la casa para observar la conversación que iba a tener lugar en el interior. Pegado mi rostro al cristal de la ventana entreabierta me situé oculto intentando escuchar el diálogo.
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Aquel hombre no era de por allí. Era delgado, no muy alto, y caminaba con nerviosismo con los hombros un poco cargados. Cada pocos metros se detenía a un lado de la calle a observar los alrededores y hasta que no se convencía a sí mismo de que todo era normal no seguía su camino. Yo lo observaba desde lejos con una mezcla de curiosidad e impaciencia ya que no le conocía, pero sabía exactamente adónde se dirigía.
Tras largo rato llegó a la residencia donde había recibido el encargo, y yo me fundí en las sombras de las inmediaciones hasta que estuviese dentro. Por más que lo observaba, no creía que fuese adecuado. Al leer el anuncio del periódico, si bien no puntualizaba nada, se daba a entender que era un hombre decidido y capaz con muchos años de experiencia en la investigación privada. Pero hasta un ciego sería capaz de darse cuenta de que aquella persona, al menos, no aparentaba nada de aquello.
Ya era demasiado tarde para dar marcha atrás. Una vez le abrieron la puerta rodeé la casa para observar la conversación que iba a tener lugar en el interior. Pegado mi rostro al cristal de la ventana entreabierta me situé oculto intentando escuchar el diálogo.
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