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Garret

Cuando no se tiene tiempo para escribir siempre se puede copiar lo ya escrito. Historia de Garret Ludovicio, personaje de una aventura de D&D de rol por foro con muy buena pinta pero que por desgracia no se pudo acabar.
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El sol brillaba la mañana en la que la señora Ludovicio notó que el que iba a ser su tecer hijo estaba preparado para ver el mundo.La caravana avanzaba a un ritmo pausado, tranquila debido a los guardias contratados que la escoltaban.Una vez se conocíó la noticia se mandó llamar a la mujer del jefe de la caravana, que gracias a su experiencia ganada con los años ejercía habitualmente de matrona. Lo primero que llamó la atención del pequeño Garret fueron sus curiosos ojos, que parecían no parar en ningún sitio concreto observando todo a su alrededor.

El joven creció junto a sus padres, mercaderes itinerantes que hacían regularmente la ruta desde Amn hasta Maztica, así que pasaba la mayoría del tiempo rodeado de las mercancías con las que se ganaban la vida: gemas, objetos mágicos y los artículos eróticos que su madre tan bien intentaba ocultar de la vista. Así pues, gracias a la sosegada vida comercial la familia pudo acumular una riqueza moderada que les permitía vivir tranquilamente sin hacer ostentaciones para no llamar la atención de bandidos y ladrones. Esta aburrida y cómoda vida fue la razón por la que Garret comenzase a buscar emociones. En Amn, tuvo algunos tratos menores con la cofradía de los Ladrones de las Sombras, pero su estructura jerárquica la hacía demasiado rígida para mantener su interés por demasiado tiempo. No tenía una necesidad apremiante de dinero y con las escasas escaramuzas que de vez en cuando ocurrían en algún viaje se daban por colmadas sus ansias de aventura.

Y entonces conoció el juego. La emoción de la circulación del dinero por la mesa, las victorias y derrotas que aparecían y desaparecían fugazmente y la mano del destino que hacía girar los dados, la ruleta o que mezclaba las cartas.Pese a ser una persona afortunada en su vida, esto no incluía a los juegos de azar y en seguida empezó a perder grandes cantidades de dinero en cada ciudad en la que la caravana pasaba al menos una noche.Su familia, enfadada por la situación intentó poner en vereda al muchacho hasta que un día ambas partes decidieron que lo mejor sería que abandonase la caravana.

Desde ese día Garret cambió su apellido y empezó a buscarse la vida por la Costa de la Espada.Gracias a su encanto (y las pequeñas fortunas que jugaba, y perdía, en cada taberna) hacía amigos en los pueblos por los que pasaba y terminó siendo un recurrido guía de la zona no tanto por sus conocimientos como por hacer los viajes amenos gracias a sus historias y anécdotas.Y así vivió durante varios años por la zona, evitando algunos problemas durante el trabajo de guía y debidos al juego gracias en su mayor parte a una gran cantidad de suerte.

Hace varios meses un grupo de viajeros le contrató para que les guiase hasta Aguas Profundas, y a pesar de no conocer prácticamente la zona decidió aceptar el trabajo.El viaje fue duro, se demoró una semana mas de lo previsto por las condiciones meteorológicas que hicieron impracticables algunos caminos y tambien debido a que perdieron el rumbo al menos dos veces y acabaron retrocediendo incluso camino recorrido.Las risas y simpatía de Garret no le valieron de nada durante el viaje y al llegar a Aguas Profundas decidieron pagarle un precio mucho menor al convenido. Sin mas opciones, y sabiendo que en el fondo tenían toda la razón al hacerlo, Garret recogió el dinero y salió maldiciendo su mala suerte a la noche de Aguas Profundas.Caminaba cabizbajo por la calle cuando encontró una moneda en el suelo.Sorprendido, se agachó al recogerla a la vez que escuchaba voces que provenían de una taberna cercana.Parecía que un grupo de parroquianos estaban jugando a los dados.Con una sonrisa pícara, Garret vió ante sí la solución a la repentina racha de mala suerte.

Descenso hacia la locura (IV)

Anteriormente

Desde el otro lado de la ventana observé el salón iluminado por la luz proveniente de las lámparas de aceite. Empujé suavemente el cristal hasta que pude oír con claridad lo que ambos personajes discutían. Bueno, mas bien era un monólogo. La mujer vestía un vestido claro y se paseaba frente al sillón donde estaba sentado un hombre. Caminaba con pasos apresurados y gesticulaba con los brazos ocasionalmente mientras el hombre la seguía con la mirada limitándose a escuchar. Ya habían dejado atrás las presentaciones y se disponían a hablar del tema que me interesaba. Hice un esfuerzo por escuchar la conversación:

- Se trata de mi marido. Un familiar lejano murió y un abogado se puso en contacto con él. Había heredado una excavación y una pequeña mansión en un pueblo cerca de Hammond. Salió hace un par de semanas para visitar sus nuevas propiedades, pero no he tenido noticias desde entonces. La ley aquí - señaló el suelo con un dedo - no es de lo más fiable, y esperaba que un investigador con experiencia pudiese llegar donde un uniforme no puede llegar, quizá más lejos de donde le sería permitido a un policía...

- Perdone que la interrumpa - añadió el hombre tras carraspear un par de veces. Parecía que el ajetreo de la mujer le ponía aún mas nervioso, si eso era posible - pero creo que será mejor que llevemos un orden, así que por favor. ¿Me puede contar exactamente qué quiere de mí?

La mujer se paró, e intentó calmarse mientras yo sonreía al otro lado del cristal. Ya había oído y visto suficiente. Mientras me alejaba de la casa no podía parar de pensar en la increíble capacidad interpretativa de Madame Renoir

Descenso hacia la locura (III)

Anteriormente

La puerta de la casa se abrió con un ruido seco de forma que la luz del interior iluminó levemente el porche. La extraña mujer que había abierto me miraba con ojos interrogantes. Medía unos cuantos centímetros más que yo pero su peso debía ser el doble. Los ojos amarillentos eran el único rastro de color claro en su oscura y rechoncha cara. El porqué de que me pareciese extraña no lo tengo muy claro si lo pienso ahora, pero hubo algo en aquella mujer que me recordaba a algo antiguo. Sus antepasados bailando a la luz de las hogueras entre plantaciones de algodón. Realizando extraños y oscuros ritos al son de ritmos mas antiguos que la humanidad...
La luz me cegó y me hizo volver a la realidad. Sin decir una palabra, se había retirado a un lado para permitirme el paso. Entré.

A continuación

Descenso hacia la locura (II)

Anteriormente

Bueno, primero me gustaría presentarme. Soy Jarrek Whitley. Inglés, de Southampton. Cómo he cruzado el Atlántico y he llegado hasta aquí se lo intentaré explicar. Quizá ya de paso comprenda algo yo también.

Como he dicho, nací en Southampton hace 33 años. Viví hasta hace unos pocos meses en una casa modesta con una familia acomodada y de modales anticuados. Mi familia. Es decir, según mis apellidos si podía considerar que tenía una familia... debía ser esa. No puedo decir que tuviese nada en común con ellos. Era demasiado nervioso y "excéntrico" para sus ordenadas vidas.
Cuatro meses atrás mi padre falleció y entre el hastío y el horror al contemplar la indiferencia con la que viví todo aquello decidí poner tierra de por medio. Con las noticias del reciente hundimiento del Titanic aún frescas en mi cabeza me dirigí, mandando todo al infierno, al puerto donde cogí un barco que me llevase a un nuevo mundo. A una nueva vida.


América no era tal y como la imaginaba ni como la pintaban. Malviví durante poco más de un mes y observaba el entorno donde traficantes de opio y delincuentes vestían zapatos impecables. No estoy hecho para el crimen, de eso estoy seguro, pero trabé amistad con algunos de aquellos personajes y empecé a ganarme la vida aprovechando las ventajas que ésto me ofrecía. Una de mis últimas y felices ideas había sido anunciarme en los medios locales como investigador privado suponiendo que mis contactos me proveerían de toda la información necesaria.

Antes de ayer recibía un mensaje de una supuesta cliente. Quería darme los detalles en persona en su casa. La cita era en dos días. Intenté recabar información sobre la mujer, la casa o cualquier contacto que tuviese pero parecía como si hubiese aparecido en Nueva Orleans por arte de magia, o siempre hubiese estado allí. No me gustaba nada de todo aquello, pero aun así decidí presentarme allí. Cauto, algo asustado y hecho un manojo de nervios.

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Descenso hacia la locura (I)

Era una noche cálida, con ese calor pegajoso del verano en Nueva Orleans que te atrapa como una segunda piel y te dificulta respirar. Bueno, a no ser que estés acostumbrado. Y mirándole, no era el caso.

Aquel hombre no era de por allí. Era delgado, no muy alto, y caminaba con nerviosismo con los hombros un poco cargados. Cada pocos metros se detenía a un lado de la calle a observar los alrededores y hasta que no se convencía a sí mismo de que todo era normal no seguía su camino. Yo lo observaba desde lejos con una mezcla de curiosidad e impaciencia ya que no le conocía, pero sabía exactamente adónde se dirigía.

Tras largo rato llegó a la residencia donde había recibido el encargo, y yo me fundí en las sombras de las inmediaciones hasta que estuviese dentro. Por más que lo observaba, no creía que fuese adecuado. Al leer el anuncio del periódico, si bien no puntualizaba nada, se daba a entender que era un hombre decidido y capaz con muchos años de experiencia en la investigación privada. Pero hasta un ciego sería capaz de darse cuenta de que aquella persona, al menos, no aparentaba nada de aquello.

Ya era demasiado tarde para dar marcha atrás. Una vez le abrieron la puerta rodeé la casa para observar la conversación que iba a tener lugar en el interior. Pegado mi rostro al cristal de la ventana entreabierta me situé oculto intentando escuchar el diálogo.

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Betty Vixen III

Dos días antes...

Corría entre los matorrales tropezando por la prisa. Si caía, seguía avanzando apoyando las manos hasta que conseguía erguirse de nuevo. La única idea en su mente era escapar como fuese de aquello.
Todo empezó cuando descubrieron los gustos del científico por lo esotérico. El interior de la casa hacía palidecer la celda de sanatorio del individuo mas desequilibrado. Estanterías repletas de libros antiguos que no pudieron leer al desconocer el idioma en el que estaban escritos. Pintadas rituales repartidas por todas las paredes, símbolos esotéricos donde quisiera que se mirase...
Y por si los ojos no se habían encargado de inquietarlos, ruidos extraños surgían de rincones oscuros y de la imaginación, que empezaba a jugar malas pasadas al trío. Deseosos por salir de allí, empezaron de inmediato a inspeccionar habitación por habitación tomando nota de cualquier objeto de valor.
Tan sólo una hora le separaba de aquel momento,y la situación era muy distinta. Frederick, el contable, debía continuar en el exterior junto a aquel álamo gigantesco. Su cuerpo permanecería tumbado, con la cabeza girada con aquella grotesca expresión de horror en su rostro. Nunca olvidaría la mirada de aquellos ojos mientras gritando algo que no llegó a comprender salió de la casa atravesando una de las ventanas del segundo piso. Y Richard...Richard, aquel estúpido arrogante, desapareció cuando aquella sombra apareció en el umbral. Esas pequeñas criaturas se lo llevaron casi en volandas mientras éste se revolvía intentando agarrarse a algo.
Ella salió de la casa sin detenerse a recoger nada, con una mente que le empezaba a jugar malas pasadas al no distinguir lo real y lo imaginario. Si es que había algo de imaginario en todo aquello. Se dirigió en la dirección al pueblo mas cercano, sangrando por diversos cortes y tiritando febrilmente. Las sombras de los árboles, agitadas por el viento, intentaban atraparla en su huida. La luna, brillando en lo alto, delataba su claro vestido en la oscuridad que la rodeaba. El río, que tomó como referencia para llegar al pueblo, se burlaba de ella con su armonioso chapoteo de aguas tranquilas. La cabeza le daba vueltas y se sentía débil por la fiebre.


Con un grito de júbilo sofocado, descubrió luces de viviendas en la lejanía. Se detuvo un momento al notar movimiento a su derecha. Vio una de aquellas pequeñas criaturas:
No, no dejaré que me cojas como al estúpido de Richard. ¡Oh, Richard! Malditos seáis...
Se dio la vuelta tambaleante, antes de tropezar a los pocos metros y caer al suelo. Después, se hizo la oscuridad.

El chico se asustó tanto o más que ella al encontrarla. Corrió hacia su casa, donde avisó a sus padres. Se dio aviso al médico del condado vecino mientras observaban como su estado empeoraba. Su estado era ya crítico pocas horas mas tarde cuando llegó el doctor.
Los últimos aplausos resonaron en la sala mientras Betty dejaba el escenario. El pianista se levantó mientras, con cuidado, bajaba la tapa del piano y colocaba el taburete bajo éste. El camarero, tras la barra, animaba a los clientes a que abandonasen el local. El espectáculo había terminado

Betty Vixen II

Un tiempo antes...

Durante el viaje había coincidido con dos europeos que hablaban de cuestiones de trabajo. Uno era contable de un prestigioso banco y el otro un ex-detective que se ganaba la vida cobrando las deudas a aquellos clientes a los que les costaba soltar el dinero debido a su debido tiempo.
Y allí estaban, directamente desde Europa, para cobrar una importante cantidad de dinero de un cliente recientemente fallecido. Todo lo que había que hacer era llegar al pueblo donde vivía el cliente (al parecer un científico autodidacta) para tasar su residencia y bienes. No se conocían familiares por lo que ambos sabían que el banco, en una hábil jugada legal, adquiriría toda la herencia. Y se estimaba mucho mayor que la deuda a pagar. En cualquier caso, los que decidirían cual sería el valor de dicha fortuna serían ellos.
Dos hombres de "vacaciones de trabajo", que pretendían hacer la vista gorda y no reparar en gastos a costa de las posesiones del recién fallecido. Ganas de diversión y dinero fácil.
Y una preciosa mujer arruinada, que vio en aquellos hombres la oportunidad de vivir tranquilamente un tiempo hasta que las aguas se calmasen. Se adaptó perfectamente al cambio de las luces del escenario a la complacencia y buena vida que aquellos tipos ofrecían. Lo tomó como unas vacaciones.

Y los rayos de un sol naciente entraron por las ventanas del tren.

Continúa...

Betty Vixen

El acento londinense de Betty nunca fue un impedimento para su carrera artística. Carteles con su nombre pendían de la puerta de las mejores salas de espectáculos. Su precioso rostro y la desenvoltura con la que se movía en el escenario suplieron una voz que poco a poco fue perdiendo su encanto debido al consumo casi obsesivo de tabaco. Quizá fue sólo ley de vida o hubo algo más, pero la luz de la fama alcanzada se apagó de un soplido como la lámpara de un sereno.



Su representante, un aristócrata francés venido a menos había encontrado otra joven cantante francesa que pasó a ocupar toda su atención. Enfadada, Betty tuvo una acalorada discusión tras la que rompió toda relación con su antiguo manager. Aprendió la lección de la forma dura "No volvería a cometer aquel error" "Dejaría que aquella puta francesa se dedicase abrirse de piernas hasta que las tornas cambiasen. Y entonces ella estaría allí para verla caer."

Tras varios intentos buscando en salas menores y cafeterías de la ciudad, salió de Nueva York junto a una reducida maleta en un tren que la llevaría hasta lo que parecía el comienzo de una nueva vida

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Que su vida sea muy larga y su cordura dé para rato (con el permiso del gran Cthulhu)
La foto es de Peggy Lee. Pero para dar una imagen a Betty Vixen me viene al pelo


Si quieres, sigue

Experimentando

Con una mueca de triunfo, el ingeniero brujo observaba orgulloso su última creación. El hombre-rata había pasado las últimas cuatro noches en vela y los signos de fatiga eran evidentes en los cansados ojos que vigilaban los movimientos de su "creación". A un escaso metro de distancia se elevaba una figura a medio camino entre un oso y una rata, con tintes levemente humanos al permanecer erguida sobre sus patas traseras.
Si-si, el vidente estará contento-contento contigo - decía el en comparación diminuto hombre-rata mientras miraba la masa de hueso y músculo que formaba el cuerpo de la rata ogro - Trabajo nos ha costado, si-si, trabajo y esfuerzo. Y esas garras - si, las garras eran una nueva mejora al incorporar muestras de gato en la creación - nos darán una clara ventaja frente a los otros clanes.
Los ojos de la rata ogro miraban con curiosidad sus alrededores, con una curiosidad que denotaba si no inteligencia, una astucia que pasó desapercibida al ingeniero brujo. Una especie de inteligencia que podía complicar su principal función como rata ogro de servir como tropa de choque imparable.
El ingeniero brujo se volvió hacia sus anotaciones, absorto en sus cavilaciones sin reparar en los suaves maullidos que venían de su espalda hasta que fue demasiado tarde. Algo con una fuerza sobrehumana tiró de su cola y lo levantó varios pies sobre el suelo. Aullando frenético, el ingeniero brujo se revolvió en el aire intentando en vano escapar. Por un instante, sus ojos se cruzaron con los de la rata ogro. Unos ojos en los que brillaba una astucia a través de unas pupilas verticales...

Unos ojos demasiado parecidos a los de un gato

Un arma de doble filo

Sentado observa el filo que descansa sobre sus piernas. Hace varias semanas, en una incursión arrebató la espada que ahora miraba al jefe de los asaltantes. Recordaba su expresión de confianza al desenvainar la espada, y también el último cambio en su cara a medida que la vida se le escapaba por la herida abierta en su pecho.

El mago local examinó la espada y avisó de que estaba encantada y que era muy peligrosa. Aunque no era ninguna sorpresa, debido al leve brillo azulado que irradiaba la hoja. Tras un ritual de varias horas, se pudo comprobar que el arma había absorbido la personalidad de un dueño que había tenido cientos de años antes. No se sabía nada de él, solo que había sido un paladín recto y bondadoso que luchaba contra el mal sin descanso. Al parecer, al desenvainar la espada se entraba en contacto con él, que parece vivir dentro de la espada y se comunica con una voz que inunda la mente del que la empuña.

Retira la espada de sus rodillas y coge su vieja arma. No es tan poderosa, pero la prefiere antes que la espada mágica. Sus ultimas experiencias habían sido algo desagradables y prefería no recurrir a ella salvo que fuese totalmente necesario.

Recuerda la última vez que la empuñó y como se preguntaba como un líder de bandidos podía haber soportado aquella insufrible voz en su cabeza que no cesaba nunca: ¡Por Paladine! ¡Obtendré la victoria gracias a la fuerza de mi brazo! ¡La justicia prevalecerá con la gracia de los bondadosos! ¡Huid malvados ante la hiriente luz del bien! El último combate había durado menos de dos minutos y todavía conservaba las secuelas. Una crisis nerviosa recién superada y un molesto tic en el ojo izquierdo que le acompañaría para el resto de su vida...

Draelion (2)

Sigue la vena perruza así que cuelgo otro fragmento de la historia del también llamado "semielfo autista"
El otro trocito anterior de su vida

Tras pescar un par de carpas en un pequeño lago cercano, el semielfo vuelve hacia su hogar por el pequeño poblado.Los pequeños elfos, de su misma edad, corretean por las calles mientras el pasa a su lado.Se detiene un momento solo para observar como jugando a esconderse unos a otros uno de los pequeños se oculta tras él.Mientras sus pequeñas manos agarran la tela de su pantalón, Draelion permanece quieto disimulando.Sin saber que hacer, empieza a mirar a su alrededor y topa con las miradas de los elfos adultos que pasan por el lugar.Miradas no de rechazo, si no de... recelo.El joven conoce bien aquella expresión, recordándole que no era como ellos y que independientemente de lo que pudiese hacer nunca sería uno mas de la comunidad si no fuese por su madre.Este recuerdo le hace recordar el motivo por el que tiene que volver a casa.

-¡Te he visto!-grita uno de los pequeños señalando con su dedo detrás de Draelion.

Con una mueca, la víctima sale de su escondite mientras el semielfo aprovecha para dirigirse a su casa.Tras observar como empezaba anochecer cruza las calles con rapidez, destacando entre los tranquilos transeúntes que pasean por las calles hacia sus hogares.Una vez en casa, deja el pescado y se cambia de ropa para acudir a la fiesta que esta noche se celebraba en un lejano claro.Su madre ya debía haber partido, ya que no se encontraba en casa, así que tras terminar de vestirse sale por la puerta hacia la fiesta.Una vez fuera de la casa, Draelion se da cuenta de que llegará tarde a la fiesta.Ya es noche cerrada, y la fiesta estaría a punto de comenzar.Mientras corre hacia el claro recuerda a su madre.Ella es la única razón por la que estaba en ese pueblo.Su padre nunca sería capaz de vivir en un lugar como aquel, según había dicho, por lo que marchó siguiendo su carrera de mercenario.Sin embargo las visitas no dejaban de sucederse, e incluso se permitía pasar unos días de vez en cuando con ellos, pero en general partía pronto.Si los habitantes elfos soportaban la presencia del semielfo no hacían lo mismo con su padre, al que claramente rechazaban sin disimulo.Pero no todos los elfos podían ser así, al menos todos menos su madre.Caminando con la mente en otra parte el joven no reparó en el bulto que le hizo tropezar.Los ojos del elfo estaban abiertos de para en par mientras su boca permanecía abierta.Asustado, Draelion retrocede un poco y llega a ver la fina línea de sangre que el guardia tiene en su cuello.Es uno de los oteadores que se suele encargar de vigilar mientras se realizan las tareas fuera del poblado.Y está muerto.El silencio es absoluto, no se oye nada, incluso los animales nocturnos guardan silencio.La imagen de la fiesta inunda su cerebro, y el joven echa a correr hacia el claro.Hay cuerpos y miembros por todas partes, el rojo tiñe los antes blancos y dorados tejidos y el olor a sangre es insoportable.Incapaz de contener las náuseas Draelion se aleja unos pasos y vomita entre sollozos.Una vez se encuentra algo mas repuesto, se acerca a buscar entre los restos deseando no comprobar lo que en el fondo ya sabía.Al poco rato encuentra el cuerpo de su madre.Incapaz de sostenerle en pie, sus rodillas flaquean y cae al suelo, pero sigue avanzando hacia el cuerpo a pesar de que no poder ver entre sus lágrimas.No puede ser,no era ella, ella habría escapado y estaría en el poblado.Fue entonces cuando repara en el amuleto de su cuello.Un collar mágico con el que a menudo divertía en su infancia a Draelion moviendo pequeños objetos a distancia.Un grito desgarrado sale de su garganta, un ronco bramido que no podría haber salido de la boca de ningún elfo.Agarra con fuerza la mano de su madre y se mantiene llorando varios minutos hasta que puede recobrar el control.Inseguro, se pone de pie y apretando los dientes se agacha para recoger el cuerpo de su madre.Su cuerpo parece intacto, pero es obvio que en sus ojos no brilla la vida.Al pasar su brazo por la espalda para alzar el cuerpo, su mano tropieza con la causa de la muerte de su madre, un virote de ballesta drow.

Draelion (1)

Hoy estoy un poco liado y en plan perruzo y no voy a escribir nada nuevo, así que os dejo un fragmento de la historia de un personaje de una partida de rol por foro que estoy empezando ahora.Le estoy pillando cariño al personaje, que tendrá una larga vida si nuestra fantástica y maravillosa a la vez que estupendísima master quiere.Seguramente le guste a los más frikis, así que voy a estrenar categoría. Espero que os guste.


El pequeño Draelion corre sobre las hojas de roble.El sol se filtra a través de las copas de los árboles del bosque mientras una suave brisa le revuelve el pelo.A medida que avanza el sonido de las corriente del río comienza tomar fuerza.Una vez cree estar lo suficientemente cerca disminuye la velocidad hasta pararse y se oculta tras un arce.Sin hacer ruido y en tensión continúa avanzando hasta poder divisar la ribera.Una sonrisa de confianza cruza su rostro al contemplar la escena mientras se agacha para acercarse sin ser visto.En paso tras otro se acerca por la espalda a su indefensa víctima.Una vez está a la distancia adecuada salta sobre ella, pero comprende en el aire que ha cogido demasiado impulso. El pequeño choca contra su madre, que estaba lavando en la orilla del río de manera que ambos acaban chapoteando en el poco profundo riachuelo.Las elfas que lavan en las proximidades miran alarmadas hacia el ruido mientras los guardias ocultos, que han divisado toda la escena, ríen desde lo alto de los árboles.Una vez en casa, Draelion espera la visita de Arnil Gregget, su padre, con impaciencia mientras su madre prepara el almuerzo.Sus visitas son cada vez menos frecuentes debido a las guerras en las que trabaja como mercenario.