
Se echó agua sobre la cara varias veces a pesar de que le parecía que estaba helada.Una vez terminó alargó el brazo hacia la toalla e incorporándose se secó el rostro. Lo que vio en el espejo hizo que la toalla se le escapase entre los dedos y cayese al suelo. El rostro que encontró frente a él era desconocido. Salvo los ojos, que ahora relucían con un brillo extraño, no reconoció ninguna de sus facciones. Asustado, miró hacia otro lado y su mirada topó con el agua del interior del lavabo. Su antiguo rostro, sus rasgos, flotaban en el agua perezosamente. Intentó atraparlos con las manos, pero parecía como si evitasen su contacto danzando por el agua.
Rendido y sin saber muy bien que hacer, escuchó la señal horaria de su reloj. Quitó el tapón del lavabo, se vistió apresuradamente y de camino hacia la puerta cogió algo de la cocina para desayunar. No podía llegar tarde al trabajo