Decidieron sentarse en la terraza de un bar que tenían pensado de antemano y pidieron un par de cervezas a pesar del frío viento que corría por la calle. Debido a la orientación de la calle el viento era normal, pero desde allí podrían ver los fuegos artificiales del fin de fiestas. Estuvieron hablando de cosas sin importancia, a pesar de que podían haber tocado otros temas. Era lo mejor.

El primer cohete explotó al poco tiempo, dando paso a una descarga continua de fuegos artificiales que duró unos quince minutos. Al acabar, los oídos zumbaban y el aire traía el olor de la pólvora. Apuraron las cervezas y se levantaron tras pagar la cuenta. Al día siguiente ambos tenían cosas que hacer, así que fueron camino de su casa. Pararon en la esquina donde se despedían todos los días y fueron conscientes de golpe de la situación. Pensaban ingenuamente que con no recordarla bastaría para evitarla, o hacerlo mas llevadero. No fue así.
- Al empezar es dulce, pero acaba tornándose salado.
- Y a pesar de saberlo desde el principio, no hace que el salado sea mas suave
Y tras un último beso, cada uno partió hacia su casa, hacia su mundo, hacia su vida.